Blockchain en los gobiernos

18/03/2018

Si 2017 cerró con una palabra de moda, esa sin duda fue “bitcoin”. El auge de la criptomoneda ha generado muchas expectativas sobre los beneficios que podría traer la tecnología blockchain a otras áreas como el transporte, el comercio o la Administración Pública. Algunos gobiernos han comenzado a realizar experiencias piloto ya sea para mejorar procesos, compartir información con otros organismos, gestionar identidad digital, obtener títulos de tierras o lograr gobiernos más transparentes.

Blockchain es una tecnología de confianza que permite que dos extraños puedan intercambiar bienes o valor sin la necesidad de contar con un intermediario (en el caso de las criptomonedas, un banco). Blockchain podría hacer más eficiente la forma en la cual se gestionan los registros públicos. Sin embargo, los usos de blockchain en gobiernos han sido muy pocos y experimentales hasta el momento.

En la municipalidad de Bahía Blanca (Argentina) se ha utilizado esta tecnología en la entrega de subsidios del municipio, certificando el momento en que el oferente pide un subsidio, así como la rendición de cuentas por parte del beneficiario. El blockchain se utiliza como un notario digital que certifica que la información no ha sido alterada por ningún funcionario público. También impide que dos personas reclamen el mismo subsidio. El gobierno nacional de Argentina también ha comenzado a utilizar esta tecnología para certificar la información que aparece en el Boletín Oficial. El uso de tecnología blockchain permite reducir la discrecionalidad de los funcionarios a la hora de gestionar información pública, dando a la ciudadanía la posibilidad de auditar la inalterabilidad de los procesos (subsidios, licitaciones, publicación de información…).

Otro uso del blockchain en la Administración Pública tiene que ver con la posibilidad de evitar la falsificación y fraude en los documentos de identidad. En el mundo pre-digital, el simple hecho de poseer un documento o un pasaporte certifica la identidad de la persona. Sin embargo, ese papel en realidad sólo sirve si está asentado en un registro (ledger). La identidad de una persona está validada por que figura en la base de datos nacional, mientras que el documento de identidad o el pasaporte es un token: una representación física de la información contenida en el ledger. En el mundo digital,  es posible vincular las dos cosas. Por ejemplo, los pasaportes digitales permiten a las autoridades de inmigración consultar la base de datos nacional y confirmar si un pasajero es quien dice ser, y si puede viajar.

El proceso de vincular los tokens físicos (pasaportes, partidas de nacimiento) con las bases de datos nacionales  generalmente implica múltiples interacciones y, en el caso de muchos trámites, un largo recorrido en papel. A la gran mayoría de los ciudadanos nos resulta familiar la historia de tener que ir de ventanilla en ventanilla buscando los documentos para poder completar un trámite. Para resolver esto, países como Estonia, Georgia, Canadá, Singapur o Finlandia, ya están experimentando con temas de identidad digital en blockchain. Al contar con bases de datos distribuidas, todos los actores de un mismo proceso cuentan con la misma información, rompiendo los silos estancos característicos de la administración pública.

En resumen, la tecnología blockchain ha despertado tantas expectativas como detractores. Sin antes experimentar, no debemos descartar su potencialidad como herramienta de eficiencia y transparencia para gobiernos, en especial para generar nuevos mecanismos de confianza [tan necesitados] entre la Administración Pública y sus ciudadanos.

FUENTE:  https://blogs.iadb.org/gobernarte/2018/03/05/blockchain-en-la-burocracia/

 

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Más allá de discusiones conceptuales, estamos en una fase donde lo importante es experimentar y probar su verdadero impacto.